Llevo varios meses sin colgar ni una sola entrada en el blog... espero que con la vuelta a la rutina pre-invernal esto cambie.
Lanncelott
sábado, 22 de agosto de 2009
lunes, 20 de abril de 2009
Abecedario en piel...
Bonita colección de fotos, consistente en un abecedario hecho en piel viva...
Enlace
Saludos
Lanncelott
Enlace
Saludos
Lanncelott
sábado, 18 de abril de 2009
Sesión...
Ese día por la mañana mi Amo me había concedido la posibilidad de elegir el nivel de la sesión por lo que yo sabía de antemano que iba a ser dolorosa pero, incluso sabiéndolo, no esperaba tener que llegar a suplicar.
Nada más comenzar me quitó toda la ropa dejándome totalmente expuesta ante Él. Me vendó los ojos y ordenó que me sentara en una silla en la que previamente había colocado un gran cepillo con las púas hacia arriba. Notaba como estas se clavaban en mi coño y en mi culo provocando una sensación incómoda, sensación que pasaría a dolor cada vez que mi Amo apretaba mis piernas hacia abajo haciendo que se clavaran más.
En esa situación y con las manos en mi nuca, comenzó a poner pinzas a lo largo de la parte superior de mi pecho. Fue haciendo pliegues con mi piel colocando una junto a otra hasta crear una línea completa que tensaba y tiraba. A cada pinza que colocaba, el dolor iba aumentando .
Habían sobrado dos que colocó en mi clítoris. Sólo eran dos pero perfectamente colocadas para no olvidar que estaban ahí.
Desconocía el tiempo que iba a tener que esperar para que me las quitara y allí inmóvil y esperando, las lágrimas terminaron por llegar.
Finalmente fue quitando una a una despacio con la mano pero, incluso así, dolía por el tiempo que habían estado allí.
La zona había quedado marcada, como un cinturón que me recorría el pecho de lado a lado. Eran las marcas que mi Amo quería para su zorra y verlas me enorgullecía.
Sin apenas darme tiempo a relajarme, tuve que ir a la habitación. Sabía que allí había colocado una percha en la puerta y, como intuía, su intención era atarme a la misma.
Ordenó que me colocara de pie contra la puerta con los brazos levantados y después de haber rodeado mis muñecas con cadenas, las enganchó en la percha.
Allí de pie, sintiendo la madera fría, con las piernas totalmente abiertas y los ojos vendados, empecé a sentirme nerviosa. No sabía exactamente qué iba a pasar pero fuera lo que fuera, no podía moverme.
De nuevo escuché el sonido de pinzas moviéndose y me inquieté.
En esta ocasión, fue colocándolas en mi coño hasta no dejar ni un trozo libre. Eran muchas, demasiadas y dolía.
Pero no habíamos hecho más que empezar. Con una goma, una simple goma de las que se encuentran en cualquier oficina, empezó a azotar todo mi cuerpo. La tensaba y la soltaba contra mi cuerpo de manera repetitiva y precisa. Azotaba mis pechos, mis brazos, mi coño sobre las pinzas y así una y otra vez.
Yo intentaba aguantar sin quejarme y contener las lágrimas pero El no paraba. Soltaba la goma sobre las mismas zonas ya doloridas y esa sería la primera vez a lo largo de la sesión que le suplicaría que parara.
Agradecida de que lo hiciera y de que me dejara descansar un poco sobre la cama, besé sus manos.
Fue quitando las pinzas despacio y prácticamente nada más terminar me ordenó sujetar mis piernas arriba con las manos.
Mi dolorido coño quedaba así expuesto para lo que El deseara. Un fustazo en el clítoris me indicó que seguíamos. Me azotaba con fuerza e insistencia el coño. Una y otra vez sin parar. Si cerraba las piernas el siguiente fustazo era más fuerte. No quería tener que pedirle que parara pero llegó un momento en que no aguantaba más y de nuevo, tuve que volver a suplicarle.
Paró ahí pero tuve que colocarme a cuatro patas como la perra que soy y los azotes continuaron en mi culo y muslos. Normalmente llevo la cuenta para no fallar a mi Amo cuándo me pregunte cuántos me ha dado pero, en esta ocasión, fueron tantos y tan seguidos que perdí la cuenta.
Lo que si recuerdo son los veinte fustazos que con toda su fuerza me dio en la planta de los pies. El dolor era tal que, para mi vergüenza, tuve que suplicarle una tercera vez que parara.
Sintiendo todavía los pies ardiendo, nos sentamos a relajarnos un rato en el salón y no sé cómo, me encontré de pie frente al espejo del baño.
Vi cómo se aproximaba y colocaba su cuerpo detrás del mío. Empezamos a besarnos, tocarnos y la excitación iba en aumento.
Sentí su polla dentro de mí, follándome por el coño primero y después por el culo mientras veíamos la imagen en el cristal y tuve mi primer orgasmo de la tarde.
Todavía ida, me sentó en la taza del water e introdujo su polla en mi boca. Empecé a hacerle una mamada. Movía mi cabeza arriba y abajo, la recorría entera con mi lengua o sentía como me provocaba arcadas al introducirla bien dentro en mi garganta.
De repente, me ordenó entrar en la bañera, tumbarme y hacerme pis encima. Sentía cómo iba esparciéndose debajo de mi cuerpo haciéndome sentir como una guarra.
Pero la verdadera humillación vendría cuando me ordenó abrir la boca y empezó a mearme encima. Caía fuerte y caliente sobre todo mi cuerpo, desde la cara hasta los pies.
Estaba totalmente humillada, sucia y olorosa allí tumbada sin saber qué hacer. Esperaba e inesperadamente, sentí el agua de la ducha cayendo a presión sobre mí. En la cara, de arriba abajo y de nuevo a la cara hasta que paró en mi coño.
Mi amo dejó que caer el agua caliente y fuerte sobre mi clítoris. Iba a concederme un segundo orgasmo así que lo presionó y movió hasta que todo mi cuerpo se estremeció de placer.
En cuestión de cinco minutos me había rebajado ante El con la lluvia dorada y me había concedido el premio de un orgasmo después.
Una vez limpios nos dirigimos al salón donde me ordenó colocarme de rodillas contra el sofá y me folló bruscamente para correrse en mi culo.
Los dos estábamos agotados y contentos después de una sesión que había tenido desde dolor extremos hasta placer insuperable y la humillación de haber tenido que suplicar a mi amo. Nunca antes había ocurrido y me avergüenza
Había sido sin ninguna duda una doma muy completa y, aunque todavía dolorida, ya estoy deseando que mi Amo me requiera para cumplir sus deseos.
Siempre deseosa de ser suya y agradarle.
Su perra
Nada más comenzar me quitó toda la ropa dejándome totalmente expuesta ante Él. Me vendó los ojos y ordenó que me sentara en una silla en la que previamente había colocado un gran cepillo con las púas hacia arriba. Notaba como estas se clavaban en mi coño y en mi culo provocando una sensación incómoda, sensación que pasaría a dolor cada vez que mi Amo apretaba mis piernas hacia abajo haciendo que se clavaran más.
En esa situación y con las manos en mi nuca, comenzó a poner pinzas a lo largo de la parte superior de mi pecho. Fue haciendo pliegues con mi piel colocando una junto a otra hasta crear una línea completa que tensaba y tiraba. A cada pinza que colocaba, el dolor iba aumentando .
Habían sobrado dos que colocó en mi clítoris. Sólo eran dos pero perfectamente colocadas para no olvidar que estaban ahí.
Desconocía el tiempo que iba a tener que esperar para que me las quitara y allí inmóvil y esperando, las lágrimas terminaron por llegar.
Finalmente fue quitando una a una despacio con la mano pero, incluso así, dolía por el tiempo que habían estado allí.
La zona había quedado marcada, como un cinturón que me recorría el pecho de lado a lado. Eran las marcas que mi Amo quería para su zorra y verlas me enorgullecía.
Sin apenas darme tiempo a relajarme, tuve que ir a la habitación. Sabía que allí había colocado una percha en la puerta y, como intuía, su intención era atarme a la misma.
Ordenó que me colocara de pie contra la puerta con los brazos levantados y después de haber rodeado mis muñecas con cadenas, las enganchó en la percha.
Allí de pie, sintiendo la madera fría, con las piernas totalmente abiertas y los ojos vendados, empecé a sentirme nerviosa. No sabía exactamente qué iba a pasar pero fuera lo que fuera, no podía moverme.
De nuevo escuché el sonido de pinzas moviéndose y me inquieté.
En esta ocasión, fue colocándolas en mi coño hasta no dejar ni un trozo libre. Eran muchas, demasiadas y dolía.
Pero no habíamos hecho más que empezar. Con una goma, una simple goma de las que se encuentran en cualquier oficina, empezó a azotar todo mi cuerpo. La tensaba y la soltaba contra mi cuerpo de manera repetitiva y precisa. Azotaba mis pechos, mis brazos, mi coño sobre las pinzas y así una y otra vez.
Yo intentaba aguantar sin quejarme y contener las lágrimas pero El no paraba. Soltaba la goma sobre las mismas zonas ya doloridas y esa sería la primera vez a lo largo de la sesión que le suplicaría que parara.
Agradecida de que lo hiciera y de que me dejara descansar un poco sobre la cama, besé sus manos.
Fue quitando las pinzas despacio y prácticamente nada más terminar me ordenó sujetar mis piernas arriba con las manos.
Mi dolorido coño quedaba así expuesto para lo que El deseara. Un fustazo en el clítoris me indicó que seguíamos. Me azotaba con fuerza e insistencia el coño. Una y otra vez sin parar. Si cerraba las piernas el siguiente fustazo era más fuerte. No quería tener que pedirle que parara pero llegó un momento en que no aguantaba más y de nuevo, tuve que volver a suplicarle.
Paró ahí pero tuve que colocarme a cuatro patas como la perra que soy y los azotes continuaron en mi culo y muslos. Normalmente llevo la cuenta para no fallar a mi Amo cuándo me pregunte cuántos me ha dado pero, en esta ocasión, fueron tantos y tan seguidos que perdí la cuenta.
Lo que si recuerdo son los veinte fustazos que con toda su fuerza me dio en la planta de los pies. El dolor era tal que, para mi vergüenza, tuve que suplicarle una tercera vez que parara.
Sintiendo todavía los pies ardiendo, nos sentamos a relajarnos un rato en el salón y no sé cómo, me encontré de pie frente al espejo del baño.
Vi cómo se aproximaba y colocaba su cuerpo detrás del mío. Empezamos a besarnos, tocarnos y la excitación iba en aumento.
Sentí su polla dentro de mí, follándome por el coño primero y después por el culo mientras veíamos la imagen en el cristal y tuve mi primer orgasmo de la tarde.
Todavía ida, me sentó en la taza del water e introdujo su polla en mi boca. Empecé a hacerle una mamada. Movía mi cabeza arriba y abajo, la recorría entera con mi lengua o sentía como me provocaba arcadas al introducirla bien dentro en mi garganta.
De repente, me ordenó entrar en la bañera, tumbarme y hacerme pis encima. Sentía cómo iba esparciéndose debajo de mi cuerpo haciéndome sentir como una guarra.
Pero la verdadera humillación vendría cuando me ordenó abrir la boca y empezó a mearme encima. Caía fuerte y caliente sobre todo mi cuerpo, desde la cara hasta los pies.
Estaba totalmente humillada, sucia y olorosa allí tumbada sin saber qué hacer. Esperaba e inesperadamente, sentí el agua de la ducha cayendo a presión sobre mí. En la cara, de arriba abajo y de nuevo a la cara hasta que paró en mi coño.
Mi amo dejó que caer el agua caliente y fuerte sobre mi clítoris. Iba a concederme un segundo orgasmo así que lo presionó y movió hasta que todo mi cuerpo se estremeció de placer.
En cuestión de cinco minutos me había rebajado ante El con la lluvia dorada y me había concedido el premio de un orgasmo después.
Una vez limpios nos dirigimos al salón donde me ordenó colocarme de rodillas contra el sofá y me folló bruscamente para correrse en mi culo.
Los dos estábamos agotados y contentos después de una sesión que había tenido desde dolor extremos hasta placer insuperable y la humillación de haber tenido que suplicar a mi amo. Nunca antes había ocurrido y me avergüenza
Había sido sin ninguna duda una doma muy completa y, aunque todavía dolorida, ya estoy deseando que mi Amo me requiera para cumplir sus deseos.
Siempre deseosa de ser suya y agradarle.
Su perra
viernes, 17 de abril de 2009
Historia del BDSM
He encontrado una entrada "curiosa" en la wikipedia. Espero que os sirva.
http://es.wikipedia.org/wiki/Historia_del_BDSM
Creo que es conveniente dejarla como enlace fijo...
Saludos
Lanncelott
http://es.wikipedia.org/wiki/Historia_del_BDSM
Creo que es conveniente dejarla como enlace fijo...
Saludos
Lanncelott
jueves, 19 de febrero de 2009
Descubriendo
Instintivamente llevé mis manos a la nuca. Mis tetas se proyectaron hacia delante y mis pezones se endurecieron.Comenzaba a notar como se mojaba mi coño. Separé las piernas. El aire rozó mi clítoris. Cada vez estaba más excitada.
Las imágenes que había descubierto esta tarde no se iban de mi mente. Todavía no se porque cerré los ojos. La sangre se agolpaba en mi coño, me ardía.
Mi coño destilaba flujos de una manera que no recordaba y mis pezones se endurecieron más si cabe.
Mi mano derecha bajo hasta mi coño. El dedo índice se deslizó dentro me mi, mientras mis labios dejaban escapar un suspiro. Comencé a rozarme el clítoris, joder!!! me estaba corriendo nada más tocarme.
El brutal orgasmo hizo que me temblaran las piernas.
miércoles, 18 de febrero de 2009
Ella
Sus livianos vestidos hacían intuir un buen cuerpo, con sus casi cuarenta años era una hembra de lo más deseable.No demasiado alta, caderas firmes, pechos que marcaban unos gruesos pezones a través de las telas del sujetador y del vestido...
Comencé a imaginarla sometida a mí, con sus manos de dedos afilados esposadas a la espalda y esos ojazos color miel suplicando que la follara de mil maneras posibles.
En nuestros habituales cafés a lo largo de la mañana, me descubria mirando sus ámplios escotes, pero nunca hizo ademán de taparse, ni mencionó nada al respecto. Simplemente se ruborizaba y me seguia hablando como si nada pasase.
Comencé a imaginarla sometida a mí, con sus manos de dedos afilados esposadas a la espalda y esos ojazos color miel suplicando que la follara de mil maneras posibles.
En nuestros habituales cafés a lo largo de la mañana, me descubria mirando sus ámplios escotes, pero nunca hizo ademán de taparse, ni mencionó nada al respecto. Simplemente se ruborizaba y me seguia hablando como si nada pasase.
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