Sus livianos vestidos hacían intuir un buen cuerpo, con sus casi cuarenta años era una hembra de lo más deseable.No demasiado alta, caderas firmes, pechos que marcaban unos gruesos pezones a través de las telas del sujetador y del vestido...
Comencé a imaginarla sometida a mí, con sus manos de dedos afilados esposadas a la espalda y esos ojazos color miel suplicando que la follara de mil maneras posibles.
En nuestros habituales cafés a lo largo de la mañana, me descubria mirando sus ámplios escotes, pero nunca hizo ademán de taparse, ni mencionó nada al respecto. Simplemente se ruborizaba y me seguia hablando como si nada pasase.
Comencé a imaginarla sometida a mí, con sus manos de dedos afilados esposadas a la espalda y esos ojazos color miel suplicando que la follara de mil maneras posibles.
En nuestros habituales cafés a lo largo de la mañana, me descubria mirando sus ámplios escotes, pero nunca hizo ademán de taparse, ni mencionó nada al respecto. Simplemente se ruborizaba y me seguia hablando como si nada pasase.
No hay comentarios:
Publicar un comentario