jueves, 19 de febrero de 2009

Descubriendo

Instintivamente llevé mis manos a la nuca. Mis tetas se proyectaron hacia delante y mis pezones se endurecieron.
Comenzaba a notar como se mojaba mi coño. Separé las piernas. El aire rozó mi clítoris. Cada vez estaba más excitada.
Las imágenes que había descubierto esta tarde no se iban de mi mente. Todavía no se porque cerré los ojos. La sangre se agolpaba en mi coño, me ardía.
Mi coño destilaba flujos de una manera que no recordaba y mis pezones se endurecieron más si cabe.
Mi mano derecha bajo hasta mi coño. El dedo índice se deslizó dentro me mi, mientras mis labios dejaban escapar un suspiro. Comencé a rozarme el clítoris, joder!!! me estaba corriendo nada más tocarme.
El brutal orgasmo hizo que me temblaran las piernas.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Ella

Sus livianos vestidos hacían intuir un buen cuerpo, con sus casi cuarenta años era una hembra de lo más deseable.
No demasiado alta, caderas firmes, pechos que marcaban unos gruesos pezones a través de las telas del sujetador y del vestido...
Comencé a imaginarla sometida a mí, con sus manos de dedos afilados esposadas a la espalda y esos ojazos color miel suplicando que la follara de mil maneras posibles.
En nuestros habituales cafés a lo largo de la mañana, me descubria mirando sus ámplios escotes, pero nunca hizo ademán de taparse, ni mencionó nada al respecto. Simplemente se ruborizaba y me seguia hablando como si nada pasase.